domingo, 20 de junio de 2010
En el séptimo piso a las 11.50
En el transcurso de los minutos permanezco en una sola posición, inmóvil como si ya no estuviera aquí, mi mente viaja por tantos lugares, se cuestiona tantas cosas, tantos sentimientos. Se cuestiona este amor. No puedo dejar de pensar que este no es el lugar en el cual yo debería estar. Mi mano vacila constantemente en abrir aquel cajón. Abrir aquel cajón significa algo más que tirar de una simple manilla, significa escuchar el silencioso rasguño del acero, sentir las lagrimas espesas azotarse contra el piso como verdaderos sueños de cristal que se destrozan en mil pedazos. Definitivamente significa volver atrás. Pero algo más que un simple instinto me lleva a abrir ese cajón, introduzco mi mano lentamente como a tientas por causa de la poca luz, saco un catálogo y lo abro, ahí está aún abandonada, tal cual como la última vez, con aquellas evidenciadoras marcas de mi último descontrol. Una lágrima brota de mis ojos, mientras mi mano intenta abrazar la calidez que brota desde mi interior.
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