La casa se encontraba limpia y ordenada, completamente en silencio, habitada por dos almas, una inconsciente, y la otra adormilada, movida única y exclusivamente por las obligaciones cotidianas, aquello a lo que llaman rutina.
Ella no se levantaría, no se movería si no fuese estrictamente necesario, pero aquel día era -o al menos debía ser- especial, sin embargo fue como todos los demás, nada nuevo, ni una sonrisa sincera, se lo pasó mirando a hurtadillas el reloj, fingiendo entusiasmo frente a las conversaciones banales, hasta que la venció el cansancio y hubo de retirarse, no tenía sueño, tampoco cansancio de tipo físico, mas no tenia nada que hacer, ni nadie con quien estar o hablar y se dejo llevar, hasta que la comodidad y suavidad de esa cama la fueron adormilando poco a poco, en este proceso se cuestionaba una infinidad de situaciones, que pasaría si ella fuese más dócil, o si no pensara tanto las cosas, se arrepintió de algunos sucesos y agradeció otros.
Al final se desentendió de todos los cuestionamientos e interrogantes, solo pidió fervientemente un deseo y se durmió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario